martes, 10 de mayo de 2011

Inadaptados


No sé cómo será. Un día debes despertarte sumido en la inopia y lleno de arrugas. Imagínate, mirarte en el espejo y sentir que no queda mucho tiempo, debe de ser una sensación extraña. Imagino que es algo como cuando terminamos el año escolar y pensamos "pues me gustaría volver a empezar y cambiar estas cosas" o quizás "no quiero volver a empezar porque creo que lo he hecho todo bien" pero cuando quede poco, ¿qué pensaremos?, podemos pensar en volver al principio o pensar que lo que hemos vivido ha sido justo y, bueno, en pocas palabras que aceptamos nuestro destino.

. . . . 

Una abuela yacía muerta en su sofá, parecía dormida, con la cabeza reposando en su hombro, su brazo descansando inerte. En sus piernas había un viejo álbum con viejas fotos. Allí mismo abrí el álbum sin saber muy bien qué hacer, porque todo estaba calmado, incluso yo, que siempre fui como un grito. Y allí revisé todas las fotos; fotos de cuando era joven, tan bella, de cuando tenía toda la vida por delante y pensaba, pensaba que podía cambiar su vida. Aún quedaron algunas páginas por rellenar, tuve la sensación de que no le quedó tiempo o de que quizás lo que no le quedaron fueron ganas. Yo no sé qué pensó antes de morir, pero parecía calmada, supongo que la muerte nos calma a todos.

Y supongo que esa es la moraleja que hoy puedo daros. También tenía que escribir esto, me gusta recordarme a mi mismo que aún puedo cambiar las cosas pero que no siempre será así. Ahora mismo, como suele decirse, soy señor y amo de mi destino ¿no suele decirse eso?, pero no siempre es así, no siempre. Y quizás es un poco triste que tenga que recordármelo cada día.






Elige la vida. Elige un futuro.

lunes, 9 de mayo de 2011

Mi abuela en la mecedora


Hoy voy a contaros la historia de mi abuela. Aquellos que la conozcan te dirán que mi abuela era una persona estupenda, pero que estaba totalmente loca y que decía muchos insultos. Mi abuela, siempre la recodaré por su mecedora, donde miraba de vez en cuando el tiempo pasar, desde donde a veces te lanzaba la zapatilla o te maldecía; otras veces lloraba pero esa es otra historia que deberá ser contada...

...POR ENDE

Mi abuela, estoy predestinado a recordarla siempre, incluso cuando ya no esté y yo sea el de la mecedora y el de los insultos. No sé, es tan triste el tiempo pero es tan inevitable. Supongo que lo único que nos queda es habituarnos al olvido y al corretear de las manecillas del reloj por nuestra vida, es la única forma que tenemos de volar de vez en cuando por encima de las nubes y ver el Sol. Que triste me pone recordar y, escribir el recuerdo, duele aún más. 

Ojalá hubiese alguna foto, pero no la hay, tendréis que imaginar a mi abuela; tiene 87 años y está sentada en una mecedora, eso es todo lo que puede decirse de su vida ¿no es un triste pero a la vez hermoso recuerdo?





viernes, 6 de mayo de 2011

Momento de reflexión (volumen 1)


Siempre dicen que es mejor solo que mal acompañado, pero hoy en día dejad que dude; podríamos hacer un uso más realista del refrán y decir que "más vale mala compañía que la soledad", esa podría ser una idea básica y luego podéis sacar vuestras conclusiones.

Uno puede darse cuenta fácilmente de que las cosas han cambiado. Mire donde mire, incluso si uno no quiere mirar y prefiere apartar la vista, se da cuenta de que son otros tiempos los que corren; han cambiado las modas, las costumbres, los ritos, las personas.

Supongo que esto del miedo a la soledad nos viene desde hace tiempo. Pienso que la soledad es más dura cuando es más difícil quedarse solo, diríamos que es el alter ego de "lo que más cuesta, más recompensa" Pero, claro, hoy en día es tan difícil quedarse solo, aunque por otro lado, tampoco lo es tanto. Sólo necesitamos estar en silencio y ver lo incomprendidos que nos sentimos. Pero poco importa que no nos entiendan; que cada persona es un universo infinito y paralelo lo sabemos todos. Me pregunto si las relaciones son mera excusa para no sentirnos solos. El amor, la amistad, quizás fueron progresos de la evolución para adaptarnos al mundo.

¿Qué haríamos sin amigos? ¿podríamos vivir sin familia, solos, sin nadie que se preocupase por nosotros? ¿y sin el mundo, podríamos pasar desapercibidos, tener una existencia muda, carente incluso de eco?

En una vida solitaria no hay lugar para el recuerdo. Supongo que, siendo crítico, si tenemos la necesidad de personas a nuestro alrededor; amigos, familiares... es porque, después de todo, odiamos la soledad y es entonces cuando llego a la conclusión de que "más vale solo que mal acompañado" no es sino una mentira noble que nos hace sentir fuertes cuando las cosas no salen como queremos. 



"Tu lado siempre fue solitario"
Kill Bill vol. 2

miércoles, 4 de mayo de 2011

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.




Podría escribir los versos más tristes esta noche...

Hace ya tanto tiempo de entonces; entonces cuando éramos amantes y el amor, qué decir, el amor era las más bellas sensaciones que morían en la piel. Hace tanto tiempo desde aquello. Aún me pregunto si recuerdas lo que compartimos. Aquella salvaje pasión que quisiera expresar con gritos, pero no puedo, sólo puedo rogar que aún te acuerdes y puedas revivir de alguna forma lo que escribo.

La noche está estrellada y tiritan azules los astros a lo lejos...

Quién iba a jurar que el mundo daría tantas vueltas sobre el mismo eje de tu cuerpo. Quién hubiese entonces jurado que yo aún te recordaría como si fuese ayer cuando nos vimos. Uno queda desde el primer momento impregnado de la belleza que desprenden tus ojos que, ni azules ni verdes, son los ojos más hermosos que he podido encontrar últimamente. 

El viento de la noche gira en el cielo y canta...

Aquel amor de fiero fuego, de pasión sarcástica. Tus labios en un beso, qué más puede darme el mundo si contigo sobra todo. Jamás podremos, muy a mi pesar, volver a lo de entonces. Muy a mi pesar, ya sólo queda el recuerdo y las fotografías para rescatarte de donde sea; con tal de rescatarte me conformo.

La noche esta estrellada y ella no está conmigo...

Allí a lo lejos, en el más profundo recuerdo, creo que te he escondido por miedo a perderte, por si quizás te desvaneces y me quedo con la sensación de las palabras que se quedan colgadas de la lengua, entre querer rescatarte y, quizás, olvidarte del todo. Pero supongo que no, que no puedo, que no quiero, que no puedo. Que no.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise...

Recuerdo entonces algún suspiro que ha quedado, en forma de eco. Es el único sonido que acompaña las imágenes de tu pelo, de tus manos, de tu sonrisa, de tus ojos bellos. Supongo que poco a poco me quedas menos y, restando, luego quedas en humo. Ni ecos ni sombra, todo termina cuando no hay más camino y el camino del recuerdo se consume con el tiempo, a pesar de que corramos con relojes rotos. A pesar de matar el tiempo recordando. A pesar de entonces. De entonces ya no hay mucho.

Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido...

No estés triste, me digo. No estés triste, si escuchas. Esto acaba como acaba todo, supongo. Los finales acaban perdiendo, por eso decían que la vida es triste, por eso, porque por mucho que riamos y saltemos, por mucho que volemos y dancemos bajo la lluvia, siempre queda la extraña sensación de que lo último es un silencio eterno. Y, por entonces, ya nada tendrá sentido.



martes, 3 de mayo de 2011

De cómo la barba se convierte en objeto de crítica narcisista


Llevaba yo varios meses sin afeitarme, a consecuencia, imaginad que tenía una buena barba. Sinceramente, llegados a este punto, diré que no soy ningún fetiche del pelo. No, no voy a hacer de hombre lobo en la obra de final de curso y no, no me apetece viajar a Moscú un domingo por la mañana por el atasco que se produce regularmente.

Estas vacaciones he podido comprobar que a la mayoría de la gente no le gusta la barba. Es como si viesen un culo. Se espantan, te dicen "Deberías cortártela" como si fuese fácil desprenderse de esa cosa que has estado domando durante semanas. La gente, ¿qué sabrán ellos de barba? Yo jamás le diré a nadie que se ampute una parte de su cara; sería como, en términos radicales, decirle que no me gusta tal cuál es. 

Y yo me digo, si en casa se ponen así de tercos, cierrabares, es muy posible que en clase, allá por el instituto, sea más de lo mismo. El cuento de "córtate la barba" que se repite inexorablemente como un sinfín. El cuento del "hombre lobo" que no quería ser hombre lobo, sino un chaval con barba por amor a la barba. Eso, la gente, no lo entiende. La gente prefiere pensar que eres hippie, que estás loco, que eres un guarro, que estás en un tratamiento de no-depilación láser. Que eres de Greenpeace o de Barbapeace, tampoco importa. La gente necesita razones pero, ¿quién necesita tantas razones?

He llegado al colegio y, ya de primeras, alguien ha soltado un comentario en tono gracioso de mi barba. No con malas intenciones, no voy predicando por ahí "¡No me toquéis la barba!" como aquel que dice "¡No me toquéis los huevos!" No sé qué haré cuando los comentarios sean reiterados y con malas intenciones, es posible que valiéndome de mi condición de psicópata/loco, haga uso de un boli y ponga orden y cadáveres de por medio (risas) Es broma, ¿no pertenecía a Barbapeace? sería muy irónico. Yo, ¿violento?, ni por todas las barbas del mundo.

En fin, no quiero seguir dando vueltas de barba. Solamente quería tratar el tema desde la perspectiva del narcisismo, pero ni eso. Supongo que otra vez, cuando lleguen nuevos desafíos estéticos, podamos sentarnos y hablar sobre ello. Porque, veréis, si algo sobra en el mundo son tontacos y narcisistas.