martes, 5 de abril de 2011

Llámame Romeo


Desperté una mañana y ya no te quería. Desperté una mañana y algo raro, como locura, como si todo hubiese sido humo y ahora se hubiese desvanecido como si nada. No sé qué pasó, no sé que sucedió, sólo sé que desperté una mañana y desperté de todo.

Me pregunto si soy uno de esos enamorados que se enamoran a dedo, de esos que se pasan las horas soñando y luego despiertan en cuestión de suspiros que duran segundos escasos. Sí, creo que yo soy de esos que se dejan la piel por una causa sin expectativas, por una finalidad sin nombre y sentido, quizás me olvido del amor por algún extraño motivo que escapa a la compresión, quizás porque yo no soy invencible, quizás porque yo me enamoro a ratos y luego me refugio en algún paquete de tabaco que no causa alteración respiratoria.

¿Duele? duele. Duele porque duele que el amor se acabe aunque no haya durado suficiente, aunque no haya habido una historia romántica de días sinceros y paseos por el parque de la mano. Pero amor si que hubo, por eso duele. Duele porque tus ojos aún brillan como antes, aunque ahora los mire como con distanciamiento, como si ya no me atrapasen, como si ya... ya no son verdes, ¿de qué color son tus ojos? Azules.

Atragantando algún instinto moral del hombre. Creo que hago mal en olvidarte. Es como si perdiese táctica o técnica al dejarte marchar de mis sueños sin decirte adiós, sin decirte quizás que te quise, que te quiero. No, ya no te quiero, pero cuánto te quise, es tan corto el amor y tan largo el olvido.

Neruda. ¿Recuerdas a Neruda? Y ese poema con el que te conquisté a versos. Ese poeta de nombre Pablo que nos encerró en algún que otro cuento. Pablo Neruda, que nos enseñó a amar el tiempo que pasábamos juntos, a temer la soledad de sin ti, no puedo. Sin ti, a veces ni quiero. Sin ti, a veces no soy más que un "te espero". Y yo te hubiese esperado pasase lo que pasase, pasase el tiempo, pasasen los años, pasasen las arrugas y el viejo miedo de hacerme viejo. Pero pasó el olvido y no estaba preparado para luchar contra esa tentación de hay más rostros de ojos verdes, ¿o eran azules?. Más rostros de belleza innata. Más rostros con labios de "me muero por besaros"

Sucedió una noche de febrero, no había sueño. Yo desperté y había despertado de todo, como si nada, como si el sueño hubiese sido el amor. Pero nunca hubo sueño.


Llámame Romeo; ya no te quiero, pero cuanto te quise.


4 comentarios:

  1. solo con la foto ya me tenias enganchada,
    ahora, la historia de la pera sabes que me llegó hondo, hondo jajajaj
    muy buen texto y el final, de los que te hace pensar.

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  2. Creo que es precioso!

    y si has acertado con el mio , justo en el clavo Sr.Carrión

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  3. es agradable cuando tienes un examen de latín para mañana, verdad? suele pasar jajajj

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